Cuento pacifista 2

CUENTO PACIFISTA PARA TRABAJAR EL AUTOCONTROL

"El león afónico"

Había una vez un león afónico. Era afónico desde siempre, porque nunca había podido rugir, pero nadie en la sabana lo sabía. Como desde muy pequeño había visto que no podía rugir, había aprendido a hablar sosegadamente con todo el mundo y a escucharles, y convencerles de sus opiniones sin tener que lanzar ni un rugido, ganándose el afecto y confianza de todos.

Pero un día, el león habló con un puerco tan bruto y cabezota, que no encontraba la forma de hacerle entrar en razón. Entonces, sintió tantas ganas de rugir, que al no poder hacerlo se sintió en desventaja. Así que dedicó unos meses a inventar una máquina de rugir que se activase sólo cuando él quisiera. Y poco después de tenerla terminada, volvió a aparecer por allí el puerco testarudo, y tanto sacó al león de sus casillas, que lanzó un rugido aterrador con su máquina de rugir.

- ¡¡¡GRRRRROAUUUUUUUUUUUU!!!

Entonces, no sólo el puerco, sino todos los animales, se llevaron un susto terrible, y durante meses ninguno de ellos se atrevió salir. El león quedó tan triste y solitario, que tuvo tiempo para darse cuenta de que no necesitaba rugir para que le hicieran caso ni para salirse con la suya, y que sin saberlo, su afonía le había llevado a ser buenísimo hablando y convenciendo a los demás. Así que poco a poco, a través de su tono amable y cordial, consiguió recuperar la confianza de todos los animales, y nunca más pensó en recurrir a sus rugidos ni a sus gritos.

Pedro Pablo Sacristán

Comentarios

  1. Melanie Mkhitaryan 4ºESO8 de octubre de 2019, 9:44

    Esta historia sirve como un gran ejemplo de que para dar nuestra opinión o comunicarnos con alguien, el argumento tranquilo es mejor solución que gritar o recurrir a la violencia.
    Me ha gustado mucho esta historia, me gustaría leer mas como esta.

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  2. Con buenos modales y educación se consiguen más cosas. Muchas veces tenemos razón en alguna discusión pero si gritamos o lo decimos de malas maneras , automáticamente perdemos la razón.

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